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El neuropsicólogo Álvaro Bilbao invita a repensar las vacaciones como una oportunidad para crecer emocionalmente

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao anima a las familias a aprovechar las vacaciones para desarrollar habilidades como la creatividad, la autonomía o la capacidad para resolver problemas. Estas capacidades forman parte del núcleo de Thinking Kids®, un innovador programa de bienestar emocional, neurodesarrollo y aprendizaje basado en evidencia científica que GSD Educación implantará a partir del próximo curso en los diez colegios de la cooperativa en la Comunidad de Madrid

Con la llegada de las vacaciones escolares, miles de familias vuelven a plantearse las mismas preguntas. ¿Es conveniente que los niños hagan deberes en verano? ¿Hay que llenar sus días de actividades? ¿Cuánto tiempo pueden dedicar a las pantallas? Y, sobre todo, ¿es realmente malo que se aburran? Para el neuropsicólogo y doctor en Psicología Álvaro Bilbao, una de las voces más reconocidas en el ámbito del desarrollo cerebral infantil y la educación basada en evidencia científica, el verano constituye una oportunidad extraordinaria para desarrollar habilidades que durante el curso quedan relegadas por la rutina académica y las agendas excesivamente estructuradas.

«El verano es una etapa que me gusta mucho para el desarrollo del cerebro de los niños porque les permite desarrollar habilidades que durante el resto del curso muchas veces no están practicando», explica Bilbao. Durante esas semanas con menos obligaciones, los niños pueden iniciar proyectos personales, mantener juegos con continuidad o dedicar tiempo a actividades que despierten su curiosidad. «Puede que quieran hacer ese puzzle tan grande que quizá les trajeron los Reyes y que no han tenido tiempo para hacer. Puede que quieran montar el Scalextric en casa o empezar una serie de juegos con cierta continuidad y eso es algo que les ayuda mucho», señala.

Pero quizá uno de los mayores regalos que ofrece el verano sea precisamente aquello que muchos padres intentan evitar. El aburrimiento. Bilbao reconoce que se vive en una sociedad obsesionada con la productividad y poco acostumbrada a convivir con los tiempos muertos. «Muchos de los padres que tienen fobia al aburrimiento son padres que tampoco saben descansar ni aburrirse. Pero esa es una habilidad esencial para el desarrollo del cerebro porque el aburrimiento es lo que abre las puertas a la creatividad y a la resolución de problemas». A su juicio, conviene preguntarse cuánto tiempo necesitan realmente los hijos con actividades estructuradas y cuánto espacio deberían tener para explorar por sí mismos, equivocarse, imaginar y buscar sus propias respuestas. «El aburrimiento es esencial para el desarrollo», resume.

Las vacaciones también representan un periodo de descompresión emocional especialmente valioso después de un curso exigente. Bilbao recuerda que niños y adolescentes viven niveles de estrés mucho mayores de lo que a menudo se piensa y considera que el verano ofrece un tiempo de recuperación imprescindible. «Es un momento en el que ellos van a poder reducir sus niveles de estrés, que están altos en todas las etapas simplemente por el hecho de tener que madrugar y acudir al colegio». A ello se suma otro aspecto decisivo para el desarrollo cerebral. «Les permite dormir más y esas horas de sueño extra las van a utilizar no solamente para crecer físicamente, sino también para su desarrollo intelectual», añade.

Uno de los desafíos más importantes para las familias llega, sin embargo, de la mano de las pantallas. El tiempo libre de los hijos coincide en muchas ocasiones con las obligaciones laborales de los padres y la tecnología puede convertirse fácilmente en una solución rápida. Bilbao no oculta su preocupación. «El principal problema con el que nos encontramos todos los padres durante el verano es la cantidad de tiempo que pasan los hijos con las pantallas», señala el neuropsicólogo. Frente a ello propone combinar una estructura flexible con normas claras y fáciles de cumplir. Entre ellas, una le parece especialmente eficaz. «Una de las normas más importantes es poner una hora de inicio de pantallas. Cuanto más lo retrasemos mejor. Si acordamos con los niños que hasta después de comer no van a ver pantallas, son todas esas horas de la mañana que nos ahorramos», explica. Ese tiempo, añade, será probablemente sustituido por algo mucho más valioso: «sabemos que durante esas primeras horas estarán haciendo otras cosas y se entretendrán con su propia imaginación».

Otro de los debates recurrentes del verano gira en torno a los deberes. ¿Es conveniente mantener una rutina académica o resulta preferible desconectar por completo? Bilbao apuesta por una visión equilibrada y adaptada a cada etapa. «Cuando son muy pequeños no deberíamos tener deberes como tal porque todo lo que aprendan los niños es mejor que lo aprendan de forma lúdica», afirma. No obstante, considera importante mantener el hábito lector y reforzar las matemáticas a través de situaciones cotidianas. «La lectura es el factor predictivo del rendimiento académico durante todas las etapas educativas y las matemáticas son conceptos que cuesta mucho introducir en el cerebro y que se pueden perder», sigue. Leer cuentos, interpretar etiquetas o hacer pequeños cálculos durante la compra pueden convertirse en una forma natural de seguir aprendiendo.

En el caso de los adolescentes, su posición es aún más clara. «Si no han tenido dificultades académicas, lo ideal es que descansen y dediquen su tiempo a cosas que realmente les interesen», afirma. Bilbao considera que esos intereses personales, lejos de ser una pérdida de tiempo, permiten desarrollar razonamiento, creatividad y capacidad para resolver problemas, habilidades fundamentales para la vida adulta.

Estas reflexiones forman parte de la filosofía de Thinking Kids®, el programa diseñado por Álvaro Bilbao que GSD Educación implantará progresivamente a partir del curso 2026-2027 en los diez colegios de la cooperativa en la Comunidad de Madrid. El proyecto nace con el objetivo de ayudar a niños y adolescentes a comprender mejor cómo funciona su cerebro, gestionar sus emociones, desarrollar autonomía, fortalecer la toma de decisiones y mejorar su bienestar emocional desde una aproximación basada en la evidencia científica y en el conocimiento actual sobre neurodesarrollo y aprendizaje.

Para Gustavo Pita, director de Educación de GSD Cooperativa, el bienestar emocional no puede entenderse como un elemento separado del aprendizaje. «Un alumno que está bien es un alumno predispuesto a aprender», afirma Pita. El responsable educativo de GSD considera que la escuela debe asumir un papel cada vez más activo en la promoción de la salud emocional, del mismo modo que lo hace en el desarrollo académico: «el bienestar del alumnado siempre ha formado parte de la preocupación de los centros educativos, pero hoy contamos con más información y más herramientas para abordarlo de una manera estructurada y rigurosa».

A juicio de Pita, la incorporación de Thinking Kids responde precisamente a esa necesidad de ofrecer a niños y adolescentes herramientas prácticas, sostenidas en el tiempo y avaladas por la evidencia científica. «Hasta ahora muchas iniciativas dependían de recursos concretos o actuaciones puntuales. Este programa aporta una metodología estructurada, desarrollada específicamente para trabajar el bienestar emocional y respaldada por el conocimiento científico». La iniciativa se integrará en el proyecto educativo de GSD mediante materiales adaptados a cada etapa evolutiva, la formación del profesorado y la implicación de las familias, con la convicción de que educar hoy significa también ayudar a los jóvenes a comprenderse mejor a sí mismos y a afrontar con mayores recursos los desafíos de una sociedad cada vez más compleja.

Porque, como recuerda Álvaro Bilbao a las puertas del verano, algunas de las lecciones más importantes no siempre se aprenden en un aula. A veces nacen cuando un niño tiene tiempo para imaginar, para descansar y, sencillamente, para aburrirse.

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